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jueves, 18 de diciembre de 2014

TRAS LA MÁGICA NARRATIVA DE GABRIEL GARCÍA MÁRQUEZ (2DA. ENTREGA)

Perspectiva de la narrativa

Las realidades de miseria, opresión, ignorancia e injusticia en manos de éste novelista fueron materia prima; barro con el que moldeó grandes obras. El misticismo, las costumbres y el arraigo a la tierra también jugaron un papel importante porque hay interrelación entre estas y aquellas.
Con esta cantera temática GARCÍA MÁRQUEZ pone a funcionar todo su aparato narrativo, así vemos que construye una serie de fenómenos, acontecimientos y personajes tras un velo muchas veces insólito, donde el lector no es dueño de las posibilidades que ofrecen las hipótesis. Hay líneas lógicas y otras no.
Se siente el peso de cada hecho, de cada personaje y no se hace esperar la atmósfera de suspenso con hechos que nos dejan en la incertidumbre sin llegar a concretarse.
Que quede claro, no fue el único, eso lo veremos y si hay algo cierto es que esta forma de escribir transformó desde los 60 la perspectiva y cotidianidad de las tendencias casi inalterables hacia el clasicismo, porque dislocó esa pureza del lenguaje, el refinamiento y discursos grandilocuentes semi académicos que no llegaban a un amplio sustrato de lectores. Con GARCÍA MÁRQUEZ ya no más, ahora todos podían leerle. Desde el hombre culto y estudiado hasta el neófito. Y se sentían identificados en cierta forma con un lenguaje del pueblo para el pueblo. Simple, llano y eficaz en su propósito, porque tomó elementos propios y arraigados en la población, dándoles su enfoque entre realidad y fantasía.
Eso fue lo que en 1944 Enrique Diez vaticinó con mucho acierto, el sorprendente despunte en la narrativa contemporánea. Había llegado con pie de plomo el REALISMO MÁGICO.
Si existe una novela que empezó a romper paradigmas en el ámbito colombiano, quizá haya que atribuírsela a JORGE ZALAMEA con EL GRAN BURUNDÚN BURUNDÁ HA MUERTO, porque a pesar de utilizar una terminología un poco ostentosa penetra en realidades míticas y tiene un toque fino y mordaz. Claro que Zalamea es un conocedor de la psiquis humana y eso le dio ventaja a la hora de escribir la obra.
Nos referimos a EL GRAN BURUNDÚN BURUNDÁ, porque hizo su aparición en 1952, el mismo año en que EL GABO atraído por la leyenda costeña de “La marquesita”, una “Gran Mamá” que quiso vivir más de 200 años, publicó “LOS FUNERALES DE LA MAMA GRANDE” de corte costumbrista que penetra precisamente en lo mítico, tanto es así que la mera existencia de personajes, dependía de las creencias del pueblo, de su mentalidad.
Todos los estudios, análisis y ensayos, apuntan a un tema recurrente en GARCÍA MÁRQUEZ: La muerte, el eterno problema existencial y es claro que en sus obras lo aborda de forma magistral y agrego que con una curiosa e inigualable “costeñización” del arte narrativo.
La mente del GABO era un laberinto muy complejo que iba embriagando paso a paso y erigiendo prototipos de alcance universal. ¡ESA ES LA MAGIA!
Después de LA HOJARASCA, cuando el novelista se sumerge en un mundo mítico, fantástico y cotidiano, surge Macondo, una extraordinaria y bien lograda interpretación de la realidad Latinoamericana.
Algunos autores afirman que lo publicado entre 1947 y 1952 fueron la antesala a la coronación con 100 AÑOS DE SOLEDAD, quizá sea cierto, lo que no podemos negar es que esta es su obra cumbre; también se alega que la naturaleza de su arte se observa enteramente en su obra periodística, pero no tengo constancia de ello, puesto que ha sido muy descuidada.

De su creatividad en la narrativa
Todo el poder creativo de su deslumbrante narrativa se palpan en “LA INCREIBLE HISTORIA DE LA CÁNDIDA ERÉNDIRA Y DE SU ABUELA DESALMADA” (1972), pero no solo ahí, sino en casi todos sus cuentos y novelas.
No hay duda, el escritor colombiano tenía una gran capacidad para “atrapar” al público lector, por eso cuando la academia sueca dio a conocer el fallo otorgándole el nobel en el 82 por las características trascendentales de su obra al fusionar lo fantástico y lo real, un gran aporte literario, muchos ya lo sospechaban.
Y es que al aproximarnos a su arte y ver todos esos elementos del folclor convertidos en símbolos del tiempo como en el cuento infinito del gallo capón, el diálogo de los espejos y los sueños recurrentes de JOSÉ AURELIANO BUENDÍA, constatamos que son un verdadero “delicatesen” para el lector de Cien años de Soledad.
Y qué decir de cuando alterna personajes literarios como Rubén Darío en EL OTOÑO DEL PATRIARCA con personajes ficticios o el uso del nombre de sus amigos para darle mayor credibilidad a los acontecimientos prodigiosos, solo puedo pensar en otro grande de las letras: El nobel sin nobel, JORGE LUIS BORGES, porque las narraciones del escritor argentino también se caracterizan por la sublimación del arte de narrar. Ese era otro maestro a la hora de poner al lector en el filo de la butaca, con la expectativa en las pupilas y el consabido suspenso en la punta de las pestañas, solo que GARCÍA MÁRQUEZ lleva su discurso narrativo más allá de los límites de la literatura, como en Macondo cuando nos ubica en una encrucijada del lenguaje: El sánscrito, la lengua de las predicciones y el español.
Ahora bien, leer a BORGES, es sentir que quiere salirse de su piel y penetrar en el espacio del mito. En mi humilde opinión, siempre mereció el nobel. Si Beethoven fue asombro componiendo sordo, Borges hizo lo propio aún después de quedarse ciego.
Realidad y fantasía, REALISMO FANTÁSTICO.
CARLOS FUENTES, VARGAS LLOSA y GARCÍA MÁRQUEZ, tres grandes narradores, tres grandes representantes de esta corriente, inspirados por signos y angustias de la cultura contemporánea.
Bueno, cada autor transforma en conciencia su labor artística para mantenerse vigente.

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